Videojuegos cooperativos para jugar en familia: ideas para todas las edades

En una familia no todos juegan igual. Puede haber un niño que domina el mando, un adulto que apenas conoce los botones y otro miembro de la familia que prefiere observar antes de participar. Por eso, elegir un videojuego para jugar juntos no consiste únicamente en buscar un título que permita conectar dos o cuatro mandos.
Un buen videojuego cooperativo familiar debería conseguir que personas con distintos niveles de experiencia puedan participar sin que una de ellas tenga que hacer todo el trabajo. También debería generar momentos en los que hablar, organizarse, reírse de los errores y resolver problemas juntos sea tan importante como ganar.
Hay juegos de construcción, aventuras, plataformas, puzles y cocina que cumplen esa función de maneras muy diferentes. La mejor elección dependerá de quiénes van a jugar, cuánto tiempo quieren dedicarle y qué tipo de experiencia disfruta la familia.
Cooperar cambia por completo la manera de jugar
En un videojuego competitivo, normalmente cada jugador intenta superar al resto. En uno cooperativo, todos trabajan hacia un objetivo compartido.
Puede ser terminar un nivel, construir una casa, preparar una serie de platos, superar un puzle o encontrar la salida de una zona.
Esa diferencia parece pequeña, pero cambia bastante la conversación frente a la pantalla.
En lugar de escuchar:
“Te gané”.
Es más habitual escuchar:
“Espera, haz tú esa parte mientras yo voy por aquí”.
La cooperación también permite que jugadores con habilidades distintas encuentren un papel dentro del equipo.
Una persona puede ser buena controlando al personaje. Otra puede detectar rápidamente cómo resolver un acertijo. Otra puede recordar qué objetos necesita el grupo.
Por eso este tipo de videojuegos puede resultar especialmente interesante para familias donde los adultos y los niños tienen niveles muy diferentes de experiencia.
No es necesario que todos jueguen igual de bien para aportar algo.
Antes de elegir, piensa quién va a sostener el mando
Las recomendaciones por edad son importantes, pero dentro de una familia también conviene considerar la experiencia previa.
Un niño pequeño acostumbrado a jugar puede manejar algunos controles mejor que un adulto que nunca ha utilizado una consola.
Por eso hay que mirar más cosas además de la edad.
Un primer aspecto es la cantidad de botones necesarios.
Algunos juegos permiten moverse, saltar y realizar una acción básica. Otros requieren controlar cámaras, inventarios, mapas y combinaciones de botones.
Para una persona que comienza, esa diferencia es enorme.
También importa la velocidad.
Un juego puede tener un contenido perfectamente apropiado, pero exigir reacciones demasiado rápidas para alguien que todavía está aprendiendo.
Finalmente está la penalización por los errores.
Para una sesión familiar suele resultar más agradable un juego donde equivocarse produzca una situación divertida o permita volver a intentarlo rápidamente.
Si cada error obliga a repetir una sección larga, los jugadores menos experimentados pueden sentir que están perjudicando al resto.
LEGO: una puerta de entrada sencilla a las aventuras cooperativas
Los videojuegos de LEGO son una opción habitual cuando se busca una experiencia familiar relativamente accesible.
Existen títulos inspirados en diferentes universos conocidos, y muchos comparten una estructura basada en explorar escenarios, recoger objetos, combatir de forma sencilla y resolver pequeños rompecabezas.
Una de sus ventajas para jugar en familia es que suelen permitir que dos personas avancen juntas dentro del mismo escenario.
El jugador con más experiencia puede encargarse de orientarse o resolver algunas partes, mientras que el otro experimenta con personajes y objetos.
Esto reduce una dificultad frecuente de los juegos cooperativos: que ambos participantes necesiten exactamente el mismo nivel de habilidad.
Además, los puzles suelen pedir utilizar capacidades diferentes de los personajes.
Uno puede necesitar activar una máquina mientras otro accede a una zona diferente.
Ese tipo de diseño favorece la colaboración.
Para una familia que nunca ha jugado junta, un título de LEGO basado en una película o universo que ya conozcan puede ser una entrada bastante cómoda.
Conviene, como siempre, revisar la clasificación concreta del juego elegido, porque no todos tienen exactamente el mismo contenido.
Super Mario Bros. Wonder: avanzar juntos aunque cada uno juegue a su ritmo
Los juegos de plataformas funcionan bien en sesiones familiares porque los objetivos suelen entenderse rápidamente: avanzar, saltar obstáculos y llegar al final del nivel.
Super Mario Bros. Wonder permite compartir la aventura con varios jugadores y presenta personajes con características diferentes.
Una ventaja es que la acción se entiende visualmente.
Una persona que nunca ha jugado no necesita aprender un sistema lleno de menús antes de comenzar.
Los primeros minutos pueden dedicarse simplemente a entender cómo moverse y saltar.
Eso no significa que todos los niveles sean igual de fáciles.
A medida que avanza el juego aparecen situaciones que exigen más coordinación.
Precisamente ahí puede surgir una dinámica familiar interesante.
Un jugador experimentado puede esperar al resto en determinados lugares en lugar de intentar completar el nivel lo más rápido posible.
El objetivo deja de ser demostrar quién juega mejor y pasa a ser conseguir que el grupo avance.
En familias con niños pequeños puede ser una buena oportunidad para practicar algo que no depende del videojuego: tener paciencia con quien todavía está aprendiendo.
Minecraft: cooperar sin necesidad de perseguir siempre una meta
Minecraft ofrece un tipo de cooperación completamente diferente.
En lugar de obligar a seguir una ruta determinada, permite que los jugadores decidan qué quieren hacer.
Una familia puede construir una casa, explorar, conseguir materiales o comenzar un proyecto mucho más grande.
Esto facilita repartir responsabilidades.
Por ejemplo, una persona puede buscar madera mientras otra prepara un lugar para construir.
Después pueden intercambiar materiales y continuar juntos.
También es posible plantear pequeños retos familiares.
Construir un pueblo.
Crear un zoológico.
Diseñar una casa para cada jugador y conectarlas mediante caminos.
Intentar recrear un lugar conocido.
La ventaja es que cada persona puede aportar según sus habilidades.
El jugador con más experiencia puede encargarse de tareas más complicadas mientras otro se concentra en decoración o recolección.
Para jugadores muy jóvenes o principiantes también se puede elegir una configuración que reduzca las dificultades y permita concentrarse más en la construcción.
Minecraft puede funcionar especialmente bien en familias que disfrutan creando cosas durante varias sesiones en lugar de terminar niveles rápidamente.
Overcooked: cooperación para familias que disfrutan del caos organizado
Overcooked propone algo que cualquiera puede comprender rápidamente: preparar pedidos en una cocina.
La dificultad aparece porque cada jugador controla a un cocinero y las tareas deben dividirse.
Alguien corta ingredientes.
Otra persona cocina.
Otra prepara platos.
Otra entrega los pedidos.
En pocos minutos la cocina puede convertirse en un caos.
Precisamente ahí está buena parte de su atractivo.
No basta con que un jugador sea rápido. El equipo necesita organizarse.
Si todos intentan hacer todo al mismo tiempo, el resultado suele ser peor.
Por ejemplo, una familia puede decidir que una persona se encargue de cortar ingredientes mientras otra controla los fogones.
Después, cuando aparezca una cocina diferente, esa organización puede dejar de funcionar y tendrán que cambiarla.
Es un juego interesante para practicar comunicación.
Sin embargo, puede generar cierta tensión cuando el grupo intenta conseguir puntuaciones muy altas.
En una sesión familiar suele funcionar mejor si el objetivo inicial es simplemente completar los niveles y divertirse con los errores.
Gritar instrucciones puede formar parte de la experiencia, pero conviene mantener el ambiente como un juego y no convertir cada fallo en una crítica.
Snipperclips: cuando hablar es más importante que tener buenos reflejos
En Snipperclips, dos personajes pueden recortar partes de sus cuerpos para adoptar formas diferentes y resolver puzles.
La idea es sencilla, pero las soluciones no siempre son evidentes.
Un jugador puede tener que colocarse en una posición determinada mientras el otro modifica su forma.
En algunos niveles deben transportar objetos.
En otros necesitan activar mecanismos o crear una figura concreta.
Eso obliga a hablar.
“Ponte un poco más arriba”.
“Ahora gira”.
“Recórtame esta parte”.
La habilidad con el mando importa, pero comprender lo que quiere hacer el compañero puede ser todavía más importante.
Por eso es una opción interesante para familias que prefieren resolver problemas con calma en lugar de participar en juegos rápidos.
Además, los errores suelen resultar bastante cómicos.
Una solución que parecía perfecta puede terminar creando una forma completamente inútil, obligando a empezar de nuevo.
Ese tipo de fracaso ligero ayuda a mantener una atmósfera relajada.
Untitled Goose Game: dos gansos causando problemas juntos
Untitled Goose Game tiene una propuesta bastante diferente.
Los jugadores controlan gansos que recorren distintos escenarios realizando tareas y molestando de manera caricaturesca a los personajes del lugar.
En su modalidad cooperativa, dos jugadores pueden explorar juntos y buscar formas de completar los objetivos.
No depende tanto de la velocidad como de observar.
A veces un jugador puede distraer a un personaje mientras el otro aprovecha para realizar una acción.
En otras situaciones simplemente hay que experimentar hasta entender qué permite hacer el escenario.
Puede funcionar bien para familias que disfrutan de juegos con humor y libertad para probar cosas.
Además, observar lo que hace la otra persona forma parte de la diversión.
No todo tiene que ejecutarse de manera perfectamente coordinada.
Muchas veces el momento más divertido aparece precisamente cuando el plan sale mal.
Juegos donde un adulto puede acompañar sin controlar toda la experiencia
Cuando un adulto juega con un niño existe una tentación muy común: resolver inmediatamente cada dificultad.
Si el niño no encuentra la salida, el adulto se la señala.
Si falla un salto, toma el mando.
Si no comprende un puzle, explica directamente la solución.
Eso puede acelerar la partida, pero reduce la participación del niño.
En un juego cooperativo es más interesante utilizar preguntas.
“¿Qué crees que necesitamos para abrir esa puerta?”
“¿Quieres que pruebe yo esta parte mientras tú haces la otra?”
“¿Vemos qué ocurre si movemos primero este objeto?”
Así el adulto sigue ayudando sin convertirse en la única persona que toma decisiones.
También es válido intercambiar roles.
Si existe una sección demasiado difícil, el adulto puede ayudar durante unos minutos y devolver después el control.
La finalidad no debería ser terminar el juego lo antes posible.
Una sesión familiar funciona mejor cuando todos sienten que participan realmente.
También puede jugar quien nunca ha tocado un videojuego
Los videojuegos familiares no tienen que limitarse a padres e hijos.
También pueden participar abuelos, tíos u otros familiares que quizá nunca hayan utilizado un mando.
En esos casos conviene comenzar con algo sencillo.
Evita explicar todos los botones antes de empezar.
Es más fácil enseñar dos acciones básicas y añadir las demás cuando sean necesarias.
También ayuda elegir juegos donde la cámara sea automática o sencilla.
Mover un personaje con un joystick y controlar simultáneamente la cámara con otro puede resultar natural para alguien acostumbrado a los videojuegos, pero muy confuso para un principiante.
Una sesión corta puede ser suficiente la primera vez.
Si la persona termina con ganas de continuar otro día, la experiencia habrá funcionado mejor que una sesión larga en la que pasó la mitad del tiempo preguntando qué botón tenía que pulsar.
Cómo evitar que la partida familiar termine en discusión
Cooperar no significa que nunca aparezcan conflictos.
De hecho, algunos juegos pueden provocar discusiones precisamente porque las acciones de un jugador afectan a los demás.
Para evitarlo ayuda establecer una regla sencilla: los errores forman parte de la partida.
También conviene no dejar siempre al jugador más experimentado como líder.
Todos deberían poder proponer soluciones.
Otra idea útil es cambiar de juego cuando el nivel de frustración aumenta.
No hay ninguna obligación de terminar una misión esa misma noche.
A veces diez minutos en un nivel difícil son suficientes para que una sesión divertida deje de serlo.
También se puede alternar.
Un día pueden jugar una aventura.
Otro día un juego de puzles.
En otra ocasión, construir algo tranquilamente.
La variedad permite que cada miembro de la familia encuentre un tipo de experiencia que le guste.
Preguntas habituales al buscar videojuegos cooperativos familiares
¿Es mejor jugar en la misma pantalla o por internet?
Para una actividad familiar en casa, jugar en la misma pantalla suele facilitar la conversación y la ayuda directa. El juego online puede ser útil cuando los familiares están en lugares diferentes, pero requiere revisar también las opciones de comunicación y privacidad.
¿Todos los juegos cooperativos son apropiados para niños?
No. “Cooperativo” describe la forma de jugar, no el contenido. Siempre conviene revisar la clasificación por edad y las características concretas del título.
¿Qué ocurre si uno de los niños juega mucho mejor que los demás?
Puede asumir tareas más difíciles, pero es importante que no haga todo por el equipo. El resto necesita tiempo para aprender y cometer errores.
¿Es necesario comprar cuatro mandos?
Depende del juego y de la cantidad de participantes. Algunos funcionan con dos jugadores, otros permiten más. Antes de comprar un título conviene comprobar cuántas personas pueden jugar localmente y qué controles necesita cada una.
¿Los juegos cooperativos sirven para aprender?
Pueden plantear situaciones relacionadas con planificación, comunicación, resolución de problemas y organización. Eso no convierte cualquier partida en una actividad educativa, pero sí ofrece oportunidades interesantes para practicar estas habilidades de manera natural.
La mejor partida familiar no siempre es la que termina con una victoria
Una noche de videojuegos en familia puede acabar con una misión completada, una ciudad enorme construida o una cocina virtual completamente desastrosa.
El resultado es secundario.
Lo que hace especial al juego cooperativo es que crea situaciones compartidas.
Alguien descubre una solución.
Otro se equivoca y todos se ríen.
Un jugador con experiencia ayuda al que acaba de empezar.
Después de varios intentos, el grupo consigue superar una sección que parecía imposible.
LEGO, Super Mario Bros. Wonder, Minecraft, Overcooked, Snipperclips y Untitled Goose Game ofrecen formas muy distintas de vivir esa experiencia. La elección adecuada dependerá de las edades, gustos, plataformas disponibles y experiencia de cada familia.
Lo importante es no buscar simplemente un videojuego que admita varios jugadores.
Busca uno en el que realmente tenga sentido jugar juntos.
Cuando cada persona puede participar, proponer ideas y sentirse parte del equipo, el videojuego deja de ser una actividad individual frente a una pantalla y se convierte en algo mucho más sencillo y valioso: una actividad que la familia comparte.
Ajusta el artículo al mínimo solicitadoProfundiza en edades y accesibilidad

Deja una respuesta